LAS CONVERSACIONES SE QUEDARON A UN LADO...
Todo estaba perfecto.
Estaba mucho más seguro de mí mismo, de lo que quería, de lo que sentía. Quería
hablar a los cuatro vientos, y decir que era feliz en el momento en el que la
besaba.
Estaba centrado sólo en
disfrutar ese momento, algo que pocas veces me pasó. Sólo te pasa cuando
sientes algo por la otra persona. Los oídos se hacen sordos a sonidos extraños,
la piel se vuelve hipersensible y la vista sólo la utilizas cuando te separas,
para decir con una mirada todo lo que no se puede decir con las palabras.
- Las
caricias que te doy te las quedas para ti, pero el recuerdo que queda no lo
apartes de mí.
El tiempo pasó muy
rápido, los días corrían, estaba tan alto que me tenían que avisar de lo que
pasaba a mi alrededor.
- ¡Quillo, dónde vas! ¡Que está el
semáforo en rojo! - me avisaban de vez en cuando, cuando ya estaba a mitad de la carretera, me quitaba corriendo y sonreía a la nada de
forma estúpida con el pavo que me caracterizaba en aquel tiempo. Suspiraba cuando ya
estaba en la acera con la mano tapándome los ojos manteniendo aquella sonrisa
eterna.
Algunas veces deseaba que
pasara todo ese tiempo en el que parecía sedado, para así ver las cosas tal y
como eran. Pero en el fondo no quería quitarme esa lente que me hacía ver las
cosas con otros tonos, no quería que todo se esfumara. No quería volver a
caer en la cordura.
Borracho de aire y de
caricias volaban los meses, hasta caer en la cuenta que todo aquello
había cambiado. Pero no empeoró, estaba cuerdo y cada vez tenía más ganas de estar junto a ella.
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