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domingo, 10 de junio de 2012

Historia que mal empieza, bien acaba - Parte 4 (Final)

LAS CONVERSACIONES SE QUEDARON A UN LADO...


Todo estaba perfecto. Estaba mucho más seguro de mí mismo, de lo que quería, de lo que sentía. Quería hablar a los cuatro vientos, y decir que era feliz en el momento en el que la besaba.
Estaba centrado sólo en disfrutar ese momento, algo que pocas veces me pasó. Sólo te pasa cuando sientes algo por la otra persona. Los oídos se hacen sordos a sonidos extraños, la piel se vuelve hipersensible y la vista sólo la utilizas cuando te separas, para decir con una mirada todo lo que no se puede decir con las palabras. 

- Las caricias que te doy te las quedas para ti, pero el recuerdo que queda no lo apartes de mí. 

El tiempo pasó muy rápido, los días corrían, estaba tan alto que me tenían que avisar de lo que pasaba a mi alrededor.
- ¡Quillo, dónde vas! ¡Que está el semáforo en rojo! - me avisaban de vez en cuando, cuando ya estaba a mitad de la carretera, me quitaba corriendo y sonreía a la nada de forma estúpida con el pavo que me caracterizaba en aquel tiempo. Suspiraba cuando ya estaba en la acera con la mano tapándome los ojos manteniendo aquella sonrisa eterna.
Algunas veces deseaba que pasara todo ese tiempo en el que parecía sedado, para así ver las cosas tal y como eran. Pero en el fondo no quería quitarme esa lente que me hacía ver las cosas con otros tonos, no quería que todo se esfumara. No quería volver a caer en la cordura.

Borracho de aire y de caricias volaban los meses, hasta caer en la cuenta que todo aquello había cambiado. Pero no empeoró, estaba cuerdo y cada vez tenía más ganas de estar junto a ella.

El tiempo cambia los colores, cambia la perspectiva, pero no cambia la forma.

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