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sábado, 2 de junio de 2012

Historia que mal empieza, bien acaba - Parte 3

A POCOS CENTÍMETROS

- ¡Buenas! ¿Qué tal estás? - dije con una sonrisa que se me notaba en todo el cuerpo.
- Bien pero, tú eres el que me tienes que dar las noticias ¿no? - preguntó con intriga.
- Pues sí, tengo buenas noticias. - hice una pausa preparatoria mientras ella temía mi charla, a mí me temblaban las piernas. - No te he querido decir nada durante todo este tiempo para no preocuparte o para que no desaparecieras jeje.
- Mmmm, me estás asustando... -me interrumpió. - ¿Qué es tan importante para que me pueda preocupar?, ¿Tu padre es militar y tengo que pedirle permiso para llevarte a mi casa?

Mirando su sonrisa recordaba cuando la conocí...
Estaba corriendo en el parque cuando me quedé mirando un nido que estaban construyendo una pareja de pájaros. La siguiente imagen que recuerdo era la del albero a pocos centímetros de mi cara. Me empecé a reír para disimular el dolor que tenía al haberme chocado con otra persona. Esa fue la primera vez que la escuché:
- ¡Mira por dónde vas! - dijo Carmen echándome la culpa de todo lo acontecido.
- Dos personas no se chocan si una no quiere... - dije con una lucidez que no tenía desde que me habían dado la mala noticia de mi enfermedad.
- Jaja - sonrió con una cara sorprendida - Entonces... los dos queríamos, ¿no?
- No, yo estaba mirando el nido y no me fijé en ti. Eres tú la que querías chocar conmigo, a no ser que seas tan estúpida de correr mirando para arriba como yo. - medio avergonzado y asombrado de mi salida me levanté riendo y cuando la vi me di cuenta que también me sonreía. Nos quedamos paralizados un segundo y volvimos los dos por nuestros caminos.

- No tonta...déjame hablar.
- Haré un esfuerzo. - dijo Carmen con una sonrisa.
- Hace poco me dijeron que posíblemente tenía la enfermedad que tuvo mi padre.
Apagó la sonrisa y preguntó extrañada: - ¿Tu padre? - ya que sabía que mi padre murió hace unos años.
- Si, mi padre. - contesté haciendo inmediatamente una pausa para seguir cogiendo fuerzas y seguir explicandole, quizás preparándome para un posible adiós, y no un hasta luego. - Me estuvieron haciendo pruebas desde poco después de conocernos y hoy me han dado los resultados.
Seguía impactada. Respirando hondo cogió impulso para preguntarme: -¿No me has querido decir nada por miedo?
- Sé que te lo debí contar antes, pero no me sentía con fuerzas para que me dijeras que ya nos veríamos... que ya no cogieras mis llamadas... No tenía fuerzas. - dije encogiendo el pecho y expirando todo el aire que me quedaba dentro. Castigándome sin coger aliento, porque, aunque no lo quise hacerlo con ninguna maldad, suponía que había fastidiado la oportunidad de conocerla más.
- Mírame - dijo más fría que un carámbano. - Si tú crees que no sé lo que vales y que te voy a dejar escapar por esto, vas aviado.
Me quedé paralizado, estaba acostumbrado a ese tipo de contestaciones pero cada vez me sorprendía más. Cada vez que escuchaba una frase de esas que le quitan importancia a las cosas banales, la imaginación se iba camino a la locura.
La siguiente imagen que recuerdo era la de sus ojos a pocos centímetros de los míos.

Los siguientes días que nos cruzábamos en el parque después del encontronazo, intentaba desviar la mirada, me sentía tan mal, como si todo lo que tocara lo fuera a fastidiar. Pero incompresiblemente, cuando nos veíamos en el parque, ella se reía de mi con una frase, seguido de una risa burlona:
- No mires hacia las estrellas, que después terminas estrellado.

1 comentario:

  1. La historia se pone interesante... jejeje En los próximos capítulos veremos qué va pasando con estos "encontronazos casuales".
    ¡Ánimo Manu!

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