Al entrar en aquel bar, chocaron nuestras miradas.
Sentada
al final, con la cabeza girada mirando hacia la puerta. Me senté y estuve observándola un tiempo. Había algo en ella que me llamaba la
atención.
Cara
linda redonda, ojos verde oscuros, alta, pelo
largo rizado recogido con un bolígrafo,
todavía no se había quitado el chaquetón del frío que hacía. La forma de mirar que tenía no
parecía de una persona tímida. Se reía de las conversaciones de sus amigos,
pero cuanto más se reía, más giraba la cabeza para mirar hacia mi grupo. Yo no
pensé que era a mí, pasé del tema.
Ella
empezó a mirarme fijamente, extrañado un poco por la situación, me quedé mirándola
fijamente a los ojos viendo si se sentía incómoda, pero la reacción fue
contraria. Pensé que la iba a poner en evidencia y lo que conseguí fue que me mirara con más
fijación.
Nervioso
por esa situación, me atreví a ir hacia la mesa donde estaba.
-
Perdona, - interrumpí la conversación. - Me fijé en ti nada más entrar y no
puedo parar de hacerlo, ¿qué es lo que llevas puesto que no consigo apartar la
mirada?
-
Ropa, ¿no lo ves? - contestó sorprendida y de forma descarada siguiéndome
el juego con la sonrisa de su cara. - Y cuando me vuelvas a mirar quita esa
cara de embobao que tienes desde que entraste.
-
Entonces, ¿me has estado mirando desde que entré? - con los ojos abiertos se
quedó intentando responderme, sin encontrar las palabras para contestarme.
Tragué
saliva y seguí con mi monologo, sin saber cómo acabaría, si en beso o tortazo.
-
Yo confirmo que estoy embobao, intentando dar con la respuesta de mi pregunta.
No es tu ropa, porque no vas llamando la atención. Tus ojos son bonitos, pero
aun así, hay algo que me llama más la atención. Quizás sean tus labios, pero
creo que quiero hacer con mis labios lo mismo que con mis ojos.
Si tu quieres
me gustaría conocerte más, para darle nombre a lo que llevas puesto.
Me gusta. :D
ResponderEliminar