Las risas terminaron cuando, subí su barbilla de la misma forma que ya lo hiciera ella. Aunque esta vez no me dio tiempo de mirarle los labios.
Con frío en el cuerpo y el nudo en el estómago
estaba en la entrada del bar, frente a ella, mirándola extrañado.
Estaba pensando en lo que me estaban
diciendo esos labios carnosos, pero no estaba escuchando nada de lo que estaba hablando.
Parecía que me estaba riñendo, pero no sabía porqué. Seguía en mi mundo cuando
interrumpió mi pensamiento, levantándome la barbilla haciendo que mirara sus
ojos.
- ¿Que a
qué juegas diciéndome todo eso en el bar? - me preguntó algo sulfurada, ya que
seguramente no le había contestado a ninguna pregunta que me hubiera hecho
antes. Yo, que estaba pensando si besarla o tomarla por loca, le hice unas
preguntas.
- ¿Cómo te llamas?
- Tamara
- ¿He dicho algo que te ofendiera Tamara? - pregunté
- No, -contestó ella. - pero no me has contestado a la pregunta.
- ¿Uno de ellos era tu novio Tamara?
- No, pero responde a mi pregunta. - cada vez estaba más sulfurada por no contestarle.
- Te daré tu respuesta en forma de pregunta, si me contestas a una más.
Con la mirada pensativa, aceptó con la cabeza. Y me dijo: - Solo una pregunta más.
Tranquilamente formulé mi pregunta. - ¿Te ha gustado todo lo que te he dicho?
Con aparente seguridad y pareciendo descarada, me contestó: - Sí, pero eso se lo dirás a todas.
- Si me conocieras, sabrías que no. Y mi respuesta a tu pregunta es, juego porque tú me dejas jugar. - hice una pausa viendo qué cara tenía. Y seguí con mi contestación.
- Si hubieras tenido novio, él me habría pegado una torta. Si te hubiera dicho algo ofensivo, me la hubieras pegado tú. Pero como te ha gustado lo que te he dicho, me has sacado de la mano a rastras y sin chaquetón con el frío que hace. Así que más bien, la pregunta es, ¿Tamara, por qué has vuelto al bar y me has sacado de él, si no me vas a besar?
Yo estaba callado esperando a que contestara, temiendo a que al final me ganara el tortazo de verdad.
- Aunque te parezca raro no te saqué con esa razón, pero te contestaré con otras preguntas. - contestó ella.
- ¿Cómo te llamas? - hizo la primera pregunta.
- Alfonso
- ¿Alfonso, sueles entrar así a las personas?
- No
- ¿Porqué te fijaste en mí?
No me esperaba una pregunta tan directa, los ojos se me abrieron ante la simplicidad de la pregunta y la complejidad de responderla.
- Tamara, puede ser porque eres guapísima, puede ser porque tú fuiste la que primero se fijó en mí, puede ser por lo que he visto de tu forma de ser, que ha sido poco. O una suma de todo lo anterior.
Pero lo que me ha llamado más atención ha sido tu sonrisa.
- ¿Tú no sabes que a las personas como tú las encierran en los manicomios? - contestó ella rápidamente.
- Sí, pero las culpables suelen ser personas como tú, que juegan con los cuerdos y los vuelven locos. - tiritando de frío y nervios, volví a preguntar. - ¿Me quieres decir por qué me has sacado del bar?
- Porque las personas que estaban conmigo eran mi familia.
El frío se me fue al escuchar la frase. Y mi cara reflejó toda la inseguridad que no tuve dentro del bar.
-Aunque tenías razón. - siguió ella contestando - Sigo mirando tus labios porque quiero hacer con los ojos lo mismo que con mi boca. También miro tu cara porque no estoy segura si darte un tortazo por el descaro que has tenido, diciendo todo eso delante de mi familia, y después pedirte perdón.
Mirándonos a los ojos empezamos a reírnos. - A mí no me hace gracia. - dijo ella.
- Pues no te rías. - contesté mirándola a los ojos, mientras ella agachaba la cabeza.
Las risas terminaron cuando, subí su barbilla de la misma forma que ya lo hiciera ella.
- ¿Cómo te llamas?
- Tamara
- ¿He dicho algo que te ofendiera Tamara? - pregunté
- No, -contestó ella. - pero no me has contestado a la pregunta.
- ¿Uno de ellos era tu novio Tamara?
- No, pero responde a mi pregunta. - cada vez estaba más sulfurada por no contestarle.
- Te daré tu respuesta en forma de pregunta, si me contestas a una más.
Con la mirada pensativa, aceptó con la cabeza. Y me dijo: - Solo una pregunta más.
Tranquilamente formulé mi pregunta. - ¿Te ha gustado todo lo que te he dicho?
Con aparente seguridad y pareciendo descarada, me contestó: - Sí, pero eso se lo dirás a todas.
- Si me conocieras, sabrías que no. Y mi respuesta a tu pregunta es, juego porque tú me dejas jugar. - hice una pausa viendo qué cara tenía. Y seguí con mi contestación.
- Si hubieras tenido novio, él me habría pegado una torta. Si te hubiera dicho algo ofensivo, me la hubieras pegado tú. Pero como te ha gustado lo que te he dicho, me has sacado de la mano a rastras y sin chaquetón con el frío que hace. Así que más bien, la pregunta es, ¿Tamara, por qué has vuelto al bar y me has sacado de él, si no me vas a besar?
Yo estaba callado esperando a que contestara, temiendo a que al final me ganara el tortazo de verdad.
- Aunque te parezca raro no te saqué con esa razón, pero te contestaré con otras preguntas. - contestó ella.
- ¿Cómo te llamas? - hizo la primera pregunta.
- Alfonso
- ¿Alfonso, sueles entrar así a las personas?
- No
- ¿Porqué te fijaste en mí?
No me esperaba una pregunta tan directa, los ojos se me abrieron ante la simplicidad de la pregunta y la complejidad de responderla.
- Tamara, puede ser porque eres guapísima, puede ser porque tú fuiste la que primero se fijó en mí, puede ser por lo que he visto de tu forma de ser, que ha sido poco. O una suma de todo lo anterior.
Pero lo que me ha llamado más atención ha sido tu sonrisa.
- ¿Tú no sabes que a las personas como tú las encierran en los manicomios? - contestó ella rápidamente.
- Sí, pero las culpables suelen ser personas como tú, que juegan con los cuerdos y los vuelven locos. - tiritando de frío y nervios, volví a preguntar. - ¿Me quieres decir por qué me has sacado del bar?
- Porque las personas que estaban conmigo eran mi familia.
El frío se me fue al escuchar la frase. Y mi cara reflejó toda la inseguridad que no tuve dentro del bar.
-Aunque tenías razón. - siguió ella contestando - Sigo mirando tus labios porque quiero hacer con los ojos lo mismo que con mi boca. También miro tu cara porque no estoy segura si darte un tortazo por el descaro que has tenido, diciendo todo eso delante de mi familia, y después pedirte perdón.
Mirándonos a los ojos empezamos a reírnos. - A mí no me hace gracia. - dijo ella.
- Pues no te rías. - contesté mirándola a los ojos, mientras ella agachaba la cabeza.
Las risas terminaron cuando, subí su barbilla de la misma forma que ya lo hiciera ella.
Aunque esta vez no me dio tiempo de mirarle los
labios.

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