Paseando por la calle, miraba a los ojos a todas las personas que se cruzaban.
- Cualquiera que me vea pensará que estoy loco...
- murmuraba pensando en que hablando solo iba a parecer más loco. Me reía de mí
mismo cerrando los ojos, por lo que estaba haciendo. Estaba concentrado en escuchar
o adivinar el pensamiento que tenían en ese mismo instante.
¿Es imposible?, ¿una locura?, quizás, pero, ¿quién
no lo ha intentado? Jeje.
Todo ese intento frustrado me llevó a pensar en las
personas que se cruzaban conmigo durante esa hora que pasé, caminando por el
centro.
Me crucé con una mujer mayor. Alrededor de los 70
años, media estatura, encogida por el peso de los años,con sus manos repletas de bolsas de la compra. Vestida de riguroso negro, llevaba una rebeca cogida por dos botones que
dejaba ver una camiseta negra. Falda hasta por abajo de las rodillas y unas
medias cortas de las que se veía el final. Pensé que acababa de venir de comprar,
pasando antes por el colegio para dejar a sus nietos que aunque le tienen destrozada
no puede separarse de ellos. Despúes de ocuparse de su casa sacaba fuerzas para jugar con sus nietos.
Pensando todo aquello me perdí y le pregunté a
una chavala, que por ser cercana a mi edad y tener una cara sonriente no me iba
a responder mal, que donde estaba la parada del 13 más cercana. Aun así seguí
mirando a las personas que se cruzaban.
Un chaval con la mirada perdida paseando
intentado arreglar algo. Me entraron ganas de decirle que sea lo que sea en lo
que estaba pensando nada es tan importante como para que no disfrutara de cada
momento que está viviendo. Ya que quizás, la persona en la que estaba pensado
podía pasar por su lado y hubiera perdido la oportunidad de decirle todo lo que le está pasando por su cabeza.
Un adolescente sonriendo escuchando música,
podría haber recibido el primer beso de su vida y no paraba de recordarlo.
Veía a personas totalmente ajenas a mí, pero a la
misma vez estaban tan cercanas que las podía tocar.
Historias andantes que pasan de largo por
nuestras vidas todos los días.
Tal vez el que se chocó conmigo y no me pidió perdón,
porque estaría preocupado, no encuentra un sitio para comprar una máscara de
carnaval. Y aquel hombre, enjuto y risueño es dueño de una tienda que vende
exactamente la máscara que busca.
Tal vez la mujer mayor estaba pensando en
arreglar su lavadora porque no desagua y el chaval con la mirada perdida está
buscando trabajo y ha arreglado la suya muchas veces.
Tal vez la chavala que me ayudó a llegar a
la parada del autobús hubiese sido la mujer de mi vida y por corte no le quise
preguntar ni su nombre.
Hay tantas variables que nos asusta el simple
hecho de conocerlas... ¿Somos tan individuales que somos seres insociables?, ¿o
preferimos vivir sin tanta complejidad? Aunque la idea de parar a todo el mundo
que te cruces me asusta.
No dejo de pensar en aquel día en que paseé por
el centro y dejé pasar la oportunidad de conocerte a TÍ.

Centrate en conocer mejor a aquellos cuyo nombre si conoces...el resto de personas...puede que llegue el día en que sea hora de conocerlas. (te veo inspirado Manué..sigue así)
ResponderEliminarNo creo que debas hacer una cosa u otra... Puedes compaginarlas. Y tienes razón, aunque te conozca mucho, nunca dejas de sorprenderme ;)
Eliminar