Las palabras son aquellos sonidos que intentar traducir nuestros sentimientos, y los sentimientos son el idioma del que parten todas las demás lenguas. Las palabras se las lleva el viento y los sentimientos duran hasta que se los lleva la razón.
- Mamá, si yo fuese detrás de algo durante toda mi vida, ¿lo acabaría consiguiendo?
- En este caso no Alfonso, aunque intentes conseguir más chucherías, no te las compraré.
De pequeño siempre intentábamos conseguir unas chucherías más siendo pesado. Mi madre cada vez conseguía encontrar las excusas más impredecibles, para que así se me olvidara el seguir pidiendo.
- ¿Hoy puedes comprarme otra chuche?
- Hoy no te voy a comprar más, porque me han dicho que hay un monstruo haciendo la sonrisa de la muerte, que quien la ve, aparece en frente de las cristaleras de un gimnasio convertido en chocolate.
Mi madre me asustaba diciéndome todas esas cosas y cerraba los ojos para no convertirme en un huevo kinder.
Las cosas de niños las vamos perdiendo, conforme va creciendo nuestra capacidad de razonamiento.
El sentir de un niño cuando gana o pierde un juguete, siempre lo recordamos como la expresión máxima de los sentimientos y cuando eres mayor, solo es comparable con el sentimiento de amor hacia una persona. Los sentimientos son la brújula que te marca el camino a seguir, por mucho que apliques en tu vida la lógica, te seguirás sintiendo perdido si no te guías por los sentimientos.
Por tanto: Vive un niño, disfruta de los regalos de la vida, de las regañinas de tu madre, que te enseñan, y de todos los momentos que no volverás a vivir porque tarde o temprano la razón se los lleva.

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