Cuando me di cuenta, nadie me seguía. Estaba solo mirando al frente.
Seguí andando hasta que viera algo conocido en lo que apoyarme y así dejar de estar confuso. Una imagen, un sonido, un recuerdo que me dijera que camino estaba siguiendo.
Recordé aquella guitarra de corcho blanco que mi abuelo me hizo por el día de año nuevo. Cuando nos fuimos a vestirnos de papa noeles cantantes a escondidas de los demás. En mi memoria tengo unas imágenes en vivo, unas fotos y la excitación de un niño cuando está preparando una sorpresa.
Recordé aquellas noches en las que no podía dormir por la llegada de los reyes. Y a mi hermana mayor tranquilizándome diciendo que estaban llegando por el centro hasta mi barrio. Todos los años me decía algo distinto para relajarme.
Recordé el primer regalo que hice de reyes, cuando a través de esa atmósfera que se crea todos somos partícipes de esos sentimientos, que creamos nosotros mismos.
Recordé los últimos sonidos que me llegaron de alguien querido, que por desgracia no está con nosotros.
Recordando todos esos momentos pienso en lo que me he convertido. En lo que soy gracias a la gente que me ha rodeado. Sin sentirme perdido gracias a los recuerdos, que aunque sean pasado las sensaciones al recordarlos siguen en el presente.
Pienso en este momento en que soy feliz por tener a gente alrededor que me quieren aunque estén lejos o cerca. Que cuentan conmigo porque yo cuento con ellos.
No hay mejor regalo que el saber que están ahí.
No hay comentarios:
Publicar un comentario