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sábado, 4 de agosto de 2012

La fæcilidad de vivir

Aquél día lo recordaré por la objetividad con la que pude ver la trayectoria de mi vida. 
El camino que tomé me hizo ver que aunque tuviera cuestas que subir y piedras que se me clavaran en los pies. Nunca pararía de andar.

Todas las cosas iban mal, trabajo, amores... personas cercanas tenían problemas de salud. No tenía ganas de abrir los ojos y mirar en el espejo a esa persona a la que llegaba a odiar.
Me levantaba de la cama cuando el hambre era demasiado fuerte para conciliar otra vez el sueño. Bajaba a la calle, hacía la compra de cocina precocinada y volvía a subir, esa era la rutina de todos los días.
Me encerraba en mi ordenador para ver películas que me distrajeran de toda mi situación. Algunas veces me cabreaba conmigo mismo y otras escupía sobre banqueros y políticos para desahogarme. Todo mi mundo eran aquella pantalla en la que de vez en cuando hablaba con amistades o más bien conocidos a con los que hablaba para sentir que no estaba solo.

Ese mismo día que me cambió la vida recordé aquel lugar de mi infancia en el que pasaba horas y horas mirando insectos, jugando al balón o bañarme entre arañas de agua que nunca conseguía atrapar. Ese pensamiento me hizo arrastrar mi cuerpo para volver a visitar ese lugar y recordar aquellos tiempos felices.

Todo lo recordaba mucho más grande. Seguía allí la estatua del pescador en la que tengo fotos subido a los brazos de mi abuela. Seguía allí el puente viejo de piedras que lo unía a la carretera. 
Ese lugar seguía siendo mágico... El ruido constante del agua, los pájaros volando constantemente de rama en rama, los campistas con sus enormes mochilas... logró que retrocediera 20 años atrás y viera la vida desde la mirada de un niño de 10 años, donde los problemas eran livianos, asustarte con las historias de miedo de tu hermana mayor o que tu madre te riñera por haberle puesto a tu hermano pequeño un cartel de SE VENDE.
Todas esas situaciones me hicieron sonreír en todo el viaje de vuelta. Pensando en las de cosas que quería hacer de pequeño y ahora que tenía tiempo de sobra, no era capaz de moverme de la cama. Me di cuenta que solo tenía bloqueos, que me impedían hacer lo que me propusiera, aprender nuevas recetas para no comer de precocinado siempre, cuidar de una planta... Cada día me atrevía con algo más grande, arreglar electrodomésticos estropeados, volar una cometa fabricada por mí, empezar una relación...

Todos los proyectos o ideas puedes llevarlas a cabo si nos quitamos los bloqueos que nos hemos puesto mientras crecíamos. 

El secreto de la felicidad está en la facilidad con la que vives.

Gracias a esos desbloqueos pude empezar este blog, que espero retomar con la misma fuerza con la que empecé a escribir.

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